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El costo de prohibir el plástico en la CDMX

Hace unos días el Congreso de la Ciudad de México anunció su iniciativa para prohibir los plásticos de un solo uso en la capital, pero ¿será tan fácil como se dice?

La crisis de contaminación es un problema real en el mundo, por eso líderes y organizaciones no gubernamentales de todo el planeta están impulsando leyes que contrarresten la situación.

En México, que se encuentra entre los países más contaminados de la Tierra, también están tomando medidas para combatir la problemática.

Alessandra Rojo de la Vega Piccolo, vicecoordinadora del Partido Verde y presidenta de la Comisión de Preservación del Medio Ambiente, Cambio Climático, Protección Ecológica y Animal, propuso la iniciativa CDXM sin plástico.

La reforma a la Ley de Residuos Sólidos fue aprobada por el Congreso de la Ciudad de México, y prohíbe la comercialización, distribución y entrega de productos con plásticos de un solo uso, a partir de diciembre de 2020.

El dictamen será remitido a la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, para su promulgación y publicación.

A pesar de que la iniciativa representa un pequeño paso en el gran cambio requerido para la erradicación de la contaminación, la iniciativa tiene implicaciones que podrían parecer no tan cómodas para nuestro estilo de vida consumista.

Foto: Congreso CDMX

El milagro y la condena

Desde 1860 el plástico apareció prometiendo más soluciones que problemas, pues su primer uso fue el de reemplazar el marfil con el que se fabricaban las bolas de billar.

Años después el celuloide daría origen a la industria cinematográfica y a principios del siglo XX la baquelita demostró ser un material sumamente útil y barato para su uso cotidiano.

Pronto la humanidad descubrió cientos de usos para el plástico en todo tipo de industria.

El material de alta durabilidad, moldeable, resistente y ligero, ha servido para conservar alimentos, mejorar sistemas de seguridad, impulsar la agricultura, la fabricación de ropa, automóviles y muchas cosas más.

Además el polímero es reciclable, aunque no totalmente; sin duda la humanidad y el mundo no serían los mismos sin el plástico.

La humanidad avanzaba hacia un futuro prometedor, más brillante, más cómodo, más plástico. “I’m a Barbie girl in a Barbie world, life in plastic is fantastic”.

Foto: Prickettandellis

El plástico llegó para quedarse, para quedarse unos 500 años en la tierra hasta que se descomponga.

En los primeros años del polímero milagroso nadie parecía advertir la crisis que generaría con el paso de los años.

A mediados del siglo XX la sociedad de consumo cobró fuerza a escala global y en menos de 70 años llevó al planeta al borde de la destrucción.

En menos de un siglo hemos logrado revertir el balance natural que el planeta mantuvo durante millones de años.

Con niveles de contaminación históricos, lagos desapareciendo, mares contaminados con millones de toneladas de basura anualmente y cientos de especies animales y vegetales al borde de la extinción.

Pros y contras de dejar el plástico

Es importante aclarar que la legislación para prohibir los plásticos está enfocada específicamente en los polímeros de un solo uso.

Tales como utensilios para comer de plástico, palitos mezcladores, platos, popotes, cápsulas para café, globos, vasos y sus tapas y bolsas, entre otros.

A partir de 2020 entrará en vigor la prohibición de los productos antes mencionados.

La intención de las autoridades es dar un plazo de casi dos años para que industriales y proveedores abandonen de manera progresiva el uso de productos no biodegradables.

Y es aquí donde surgen las preguntas: ¿Estamos listos? ¿Podemos hacerlo? ¿Queremos hacerlo?

Foto: PlasticLife

Ventajas de decir adiós al plástico

No necesitamos una mente brillante para deducir que abandonar el uso del plástico representa beneficios para el medio ambiente, la vida en el planeta y nuestra propia salud.

Todos hemos sido testigos, desde nuestros dispositivos digitales de plástico, del impacto ambiental que ha causado el uso excesivo de productos del mismo material.

También de primera vista hemos experimentado y visto los estragos de la contaminación en nuestras comunidades y ciudades.

Así que las ventajas de decir adiós al plástico son obvias.

En el camino a salvar al mundo podremos migrar a un estilo de vida que nos permita presumir de un estatus social más elevado, que en realidad es la forma en que viven las personas de bajos recursos en comunidades indígenas.

Pero nosotros lo haremos por moda, porque es cool, porque es responsable, porque podríamos usar plástico pero nuestra magnanimidad nos detiene.

Ahora podremos presumir que nosotros también utilizamos popotes biodegradables, que el agua potable, que representa un derecho humano, que nosotros bebemos está servida en botella de vidrio.

Y no cualquier botella, no cualquier agua, agua de manantial extraída con métodos ecológicos con la más alta tecnología por una empresa noruega que la embotella en vidrio templado con un grabado artesanal.

¡No se diga más! Eliminemos a ese demonio que infiltrándose en nuestra cotidianeidad, con su apariencia inofensiva, corrompe nuestra sangre y las venas mismas de este planeta al que tanto amamos.

Foto: TFtheLoop

Desventajas de decir adiós al plástico

Si alguien llega hasta este punto del texto, quizás en este momento su virtud ecologista le haga querer interrumpir la lectura al leer semejante enunciado.

“Las desventajas de decir adiós al plástico”.

¿Y si el problema no es sólo el plástico? ¿Y si se trata de nuestro estilo de vida? ¿Y si no queremos cambiar?

Diversas voces de expertos en el tema del medio ambiente se han alzado para advertir sobre el problema que representan las opciones al plástico para la ecología.

Bolsas Ecofriendly

Si bien el principal conflicto de las bolsas de plástico de un solo uso, mayormente utilizadas en supermercados, es su descarte inmediato luego de su aprovechamiento.

Es necesario notar que para su elaboración se utilizan sobrantes de petróleo no utilizable para otros fines.

Se nos ofrece como principal opción “la bolsa verde” de polipropeno, hecha de un plástico más grueso.

Aunque su capacidad de almacenamiento y carga es mayor y más duradera que la de muchas bolsas de plástico convencionales, su fabricación está lejos de ser amigable con el medio ambiente.

De inicio requieren más materia prima, también utilizan más químicos, más energía y al final su degradación tampoco es natural.

Como segunda opción tenemos a las bolsas de papel (las que usaban nuestros papás y abuelos), las cuales, a pesar de ser más fáciles de reciclar y biodegradarse, enumeran las siguientes desventajas:

Implican la tala de árboles para obtener la materia prima con la que se fabrican, son más pesadas y por lo tanto requieren de mayor uso de energía para su transporte.

Dejan una huella de carbono cuatro veces más grande que las bolsas de plástico y su procesamiento utiliza más químicos.

La última contendiente por ser la bolsa más amigable con el medio ambiente es la de algodón.

Sin embargo, ésta resulta la peor opción para sustituir a las bolsas de plástico. Su materia prima tiene bastantes problemas ecológicos como el uso de fertilizantes, pesticidas, uso de agua, desertificación y además el trabajo forzado e infantil.

Además, la cantidad de veces que se debe reutilizar una bolsa alternativa para que corresponda a una de plástico es: 37 polipropeno, 43 papel y 7 mil 100 algodón.

Foto: AaLeV

Entonces, ¿cuál es la solución?

Especialistas afirman que la solución real no está en cambiar todo el plástico proveniente del petróleo a biopolímeros. Se trata de una legislación de parte del gobierno que cambie desde sus prácticas más profundas el funcionamiento de la industria y las empresas.

Sin embargo, se mira muy lejos la posibilidad de modificar el sistema económico actual del mundo, como ejemplo tenemos al político más poderoso del planeta denunciando que “el cambio climático es mentira” y rechazando las iniciativas internacionales que exigen la transformación de las empresas para salvar a la Tierra.

Lo que podemos hacer

Reutilizar

Es una palabra que poco a poco ha perdido relevancia en una sociedad de consumo en la que la mayor parte de los productos están diseñados y fabricados para ser rápidamente desechables.

Sin embargo, debemos reconocer que el descarte de los productos es lo que define qué tan contaminante es.

Por esto la reutilización de cada cosa, cada bolsa o utensilio de plástico, incluso los de unicel, es sumamente efectivo.

Se requeriría de un cambio de paradigmas muy profundo de la sociedad actual para que aprendamos la cultura de la reutilización.

Al mismo tiempo las empresas tendrían que comprometerse a volver a fabricar las cosas para que duren toda la vida, como ocurría hasta mediados del siglo XX, cuando un par de pantalones de mezclilla era capaz de resistir una guerra.

¿Las empresas quieren? ¿Pueden?

El gobierno de la Ciudad de México afirma que se otorgará un lapso de tolerancia para que las empresas dedicadas a la industria de los plásticos prohibidos migren hacia soluciones verdes.

¿Alguien se ha preguntado si las empresas, sobre todo mexicanas, están preparadas no sólo en infraestructura, sino económicamente para realizar este cambio?

No es posible averiguar el costo real que representará para una empresa modificar su método de producción con el fin de dedicarse a los productos biodegradables.

Esto podría representar incluso la desaparición de algunas de ellas al quedar fuera de la competencia.

Foto: Telokwento

Conclusión

Mientras tanto, al menos hasta que la situación sea crítica, al parecer seguiremos inmersos en la cultura de consumismo voraz en la que tanto empresas como consumidores continuaremos destruyendo al mundo.

Aplicándonos paliativos de conciencia cada vez que en lugar de llevar la despensa en una bolsa de plástico lo hagamos en una de papel que lleve impreso el logo del supermercado.

Cuando llevemos nuestros termos para ser llenados en cafeterías que sirven bebidas repletas de azúcar y miles de calorías a cambio de estatus social.

Entonces, próximamente en la Ciudad de México, una de las más contaminadas del mundo por su sobrepoblación, pobre planeación urbana y concentración de automóviles, podremos presumir de codearnos con las urbes de grandes naciones como Inglaterra o Francia donde le decimos adiós a nuestros popotes de plástico para salvar al mundo.

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